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La invitación a llevar dinero al Uruguay ahora viene bajo la forma de hacer inversiones productivas que vayan más allá de la compra de un inmueble en Punta del Este, Montevideo o alguna otra localidad uruguaya.

 

 

El vínculo financiero de los argentinos con el Uruguay​ es de larga data, pero hoy no pasa por su mejor momento, aunque está visto que las nuevas autoridades de ese país quieren revitalizarlo. Ya no se conforman con que los vecinos de esta orilla del Río de La Plata depositen allí dinero o tengan una propiedad. Los quieren tentar con ventajas fiscales para que directamente vayan a hacer negocios a la Banda Oriental.

Los datos del Banco Central del Uruguay indican que, a diciembre de 2019, los “no residentes” mantenían depositados en el sistema financiero uruguayo 3.074 millones de dólares.
 
Según publica Clarín, no hay discriminación por nacionalidad, pero los uruguayos dan por hecho que el grueso de ese dinero es de argentinos.El stock es prácticamente la mitad de lo que se registraba en 2001, cuando rozó los 6.200 millones de dólares.
 

Ese año se rompió la Convertibilidad acá, y contagió al sistema financiero uruguayo, que sufrió la salida de dólares de los argentinos que tenían allí sus ahorros.

Después de perder casi 5.000 millones en el 2.000, el stock empezó a recuperarse, pero no alcanzó el pico anterior.

En esto influyó la determinación de los distintos gobiernos del Frente Amplio de endurecer las regulaciones para evitar el ingreso de capital financiero extranjero al Uruguay. Y también de abrir ciertas ventanas al hasta entonces rígido secreto bancario uruguayo.

Esto llevó a que muchos bancos internacionales que operan en ese país empujaran a los clientes argentinos a cerrar sus cuentas, tanto por las normas internacionales anti lavado como por el hecho de que exigieron que las cuentas estuvieran blanqueadas, en el caso de los argentinos, ante la AFIP.

Luego vino el blanqueo que lanzó en 2016 el Gobierno de Cambiemos y eso también influyó en el movimiento del dinero. No se produjo una repatriación, pero si una mudanza hacia cuentas radicadas directamente en los Estados Unidos. Ocurre que Uruguay empezó a intercambiar información con las autoridades argentinas y eso espantó a los clientes argentinos de bancos uruguayos.

Actualmente, son pocos los bancos que operan en Uruguay que aceptan depósitos de argentinos, y exigen, indefectiblemente, la declaración jurada de bienes personales donde conste que los fondos están blanqueados ante la AFIP.

La invitación a llevar dinero al Uruguay ahora viene bajo la forma de hacer inversiones productivas que vayan más allá de la compra de un inmueble en Punta del Este, Montevideo o alguna otra localidad uruguaya.

De hecho, y hablando de propiedades, días atrás se hablaba en Uruguay de facilitar las condiciones para que los extranjeros pudieran tomar créditos hipotecarios para comprar un inmueble en Uruguay.

Otra tentación es solicitar la residencia fiscal. Quien la obtiene, durante cinco años está eximido de pagar el impuesto a las Ganancias por el patrimonio declarado en el Uruguay.

La presión fiscal para los emprendimientos comerciales es mucho menor que en la Argentina. Eso sí: el costo de vida, medido en dólares, es mucho más alto. Lo saben perfectamente los propietarios cuando les llegan las facturas de los servicios públicos.

 

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